martes, 29 de marzo de 2016

Estatus actual: clic clic clic (escribiendo)

Debido a lo emocionante que fue mi clase de Escritura Creativa, el gusanillo de escritor que se me despertó de repente y el buen recibimiento de Mia y Mark como personajes (Gracias a todos por tomar su tiempo en leer mi cuento), y las ganas incontenibles de contar su historia, decidí aceptar una nueva aventura y emprender el reto de escribir una novela.

Estoy super emocionada por este nuevo reto, y bueno aunque pinta más fácil decirlo que hacerlo, creo que será un camino interesante por recorrer. Ya les iré contando los detalles ;)

"Un escritor profesional, es un amateur que no se rinde" Richard Bach

lunes, 22 de febrero de 2016

¡No olvidé hacer mi tarea!

En el apuro de cumplir con el tiempo de entrega y entre una y otra cosa, aunque si hice mi tarea como niña buena (jejeje), no la publiqué aquí para compartir con ustedes. Mis sinceras disculpas por eso. El ejercicio era escribir una crónica, y como me dijo un escritor famoso una vez "Uno debe escribir de lo que sabe", usé una historia que me contó mi abuela (heroína/angel de la guarda/best grandma in the whole world) de los acontecimientos del terremoto del 67 según su propia experiencia. Debo añadir que mi mamá y mi tia Gladys fueron grandes colaboradoras para construir los detalles del relato (se acordaban incluso que estaban viendo en la tv).

Round 2:

El día en que el piso se movió en Caracas


Fue hace ya muchos años, pero me acuerdo como si fuera ayer. La desesperación, el no saber qué hacer ni a dónde correr. Con todos mis hijos en la casa, y algunos todavía pequeñitos, tú mamá tenía 4 años y tu tía 2. El 29 de julio de 1967, me acuerdo, cayó día sábado.
En la mañana de ese día, se escucharon rumores de que hubo un temblor por San Cristóbal, pero no prestamos mucha atención. Uno nunca piensa que le van a suceder esas cosas, uno siempre las ve como distante, ¿sabes?. Me acuerdo clarito: todas las calles esos días estaban adornadas, edificios con pintura fresca, y en el centro, todo lleno de flores por la celebración de los 400 años de Caracas. También me acuerdo que la noche anterior cayó un palo de agua de Padre y Señor mío, pensábamos que el cielo se iba a caer esa noche, pero el 29, ese día amaneció como si nada, eso sí, un calor tremendo. Los muchachos mayores estaban en la calle desde tempranito, porque teníamos que aprovechar el día para vender un poquito más en el carrito de dulces que teníamos por aquellos tiempos, pero, como la cosa se complica, siempre que hay fiesta, yo les dije que llegaran temprano. Tu tía Rosa, que ya tenía 15 años, estaba en su cuarto, como siempre, con uno de sus ataques, y tu tía Gladys estaba sentada con las tres niñas pequeñas, viendo televisión, viendo el Miss Universo, creo. Yo no estaba pendiente del televisor, sino de los muchachos que no habían llegado aún.
Me acuerdo clarito, que estaba en la ventana viendo a ver si los muchachos llegaban, porque ya pasaban de las siete y esa calle estaba sola. Sabes que en esos tiempos había pocas casitas por la zona, no como ahora que montan una casa sobre la otra y no se ven ni las calles, era una zona tranquila y fría. Y mi casa era de las más bonitas de la cuadra, de madera, como un chalet. Tu abuelo no estaba en la ciudad, le salió una obra de construcción fuera de Caracas y como la cosa estaba apretada esos días, le tocó irse a trabajar allá. Apenas que llegan los muchachos y con las mismas que les pego un grito para que salgan corriendo hacia afuera: “¡Corran, corran! Agarren a los más pequeños y salgan que esta temblando”. Después de eso, todo se puso muy oscuro y confuso de inmediato, se cayeron unos postes de luz y lo único que se escuchaba eran gritos y gemidos, como una película de terror, como la peor de tus pesadillas hecha realidad; pero yo no tuve tiempo de pensar, actuaba como un robot, y lo único que tenia en mente era sacar a mis muchachos con vida de esa casa. Ahí mismo, regresé a buscar algunas cositas y mientras entraba en la casita, lo único que pensaba era “Nazareno de San Pablo, no me desampares que mis hijos no tienen a nadie más que a mí”, ya después, “amanecerá y veremos”.
Esa noche, mi abuela fue la última en salir de su casa, luego de mirar que sus nueve hijos estuvieran sanos y salvos afuera. Refugió a sus hijos en los carros de algunos vecinos y, con la desesperación y a pesar de las advertencias de los hombres cerca que le gritaban, “Carmen no vayas allá, Carmen sal de esa casa que se puede caer”, ella entró una y otra vez para su casa para buscar el dinero guardado para emergencias y las joyitas, en caso que tuvieran que venderlas luego; también sacó algunas mantas y cobijas para los más pequeños.
Al día siguiente, cuando ya todo estaba calmado, se vio la magnitud del desastre, casas con pedazos derrumbados, calles congestionadas, y la gente caminando como zombis, sin dirección, con miradas perdidas; algunas consecuencias de semejante tragedia. Por milagro no hubo necesidad de usar los ahorros, ni empeñar las joyas, la casa estaba intacta; a pesar de la sacudida, no tenía ni una sola grieta. Y mi abuela, entre otras cosas que vivió a lo largo de su vida, probó a todos la mujer valiente que siempre fue. Los periódicos del día solo hablaron de los muertos del Este, de la tragedia que había sufrido toda esa parte de la ciudad. Y no era para menos, más de 200 muertos y miles de heridos. Pero, a corta distancia, y por muchos años, los vecinos de esas calles escuchamos siempre hablar de la valentía de esta mujer que, sin mirar a los lados, sacó a cada uno de sus hijos, los puso a salvo y luego regresó por provisiones ella sola. De allí en adelante, todos los vecinos la veían con gran respeto y admiración, pero igualmente siempre se preguntaron cómo, entre todas las casas de la cuadra, la única que no sufrió daños, fue la casita de madera de la señora Carmen, a lo que mi abuela siempre respondía: “Mi Nazareno Bendito nunca me desampara”. Fue para mí un orgullo llamarla abuela.


jueves, 28 de enero de 2016

Tarea para la casa

Primero que nada me disculpo por abandonarlos por tanto tiempo. Algunas veces nuestras labores cotidianas toman más espacio en nuestras vidas que nuestras pasiones; pero siempre hay oportunidad de remediarlo. Es por ello que decidí comenzar un curso de Escritura Creativa, para agarrarle el gustillo a la escritura de nuevo, y/o despertar a esta escritora amarrada y amordazada que tengo y que tiene tantas ganas de escribir pero nunca termina de atreverse... En fin, aquí les va: Mi primera asignación para la clase. Yo le puse un titulo (porque no puedes entregar un cuento corto sin un titulo), pero me gustaría que me echaran una manito en elegir otro... ¿Me ayudan?

Aqui les va el cuento:

Era una mañana tibia, con el cielo despejado y una brisa fresca que entraba por la ventana de la habitación, sin duda primavera. Mientras él dormía, ella lo observaba calmada, con una sonrisa dibujada en su rostro por los recuerdos de esa noche juntos. Fue allí en Paris, la primera vez que sus miradas se cruzaron. Aun sin palabras, ambos sabían que estarían destinados a estar juntos.

Ella, una chica aventurera, con ganas de comerse al mundo, 20 años de edad, cabellos rebeldes y una actitud positiva ante lo que estaba por pasar; él, tímido, con algunos años más que ella y con la experiencia necesaria para reconocer que lo que estaba por vivir cambiaría su vida para siempre. Aeroport Charles De Gaulle, Terminal 2, ese sería el punto de encuentro, ella vendría en avión, el llegaría en autobús. Ya habían pasado muchas noches juntos aunque jamás se habían visto, la maravillosa tecnología de comunicación los unió como cosa del destino, hacia ya muchas lunas. Una noche por accidente, ella intentaba escribir su primer correo electrónico a su amiga recién mudada a Inglaterra, pero su correo terminó en la bandeja de entrada de este extraño Inglés, quien no pudo contener la curiosidad y leyó el correo, incluyendo todos los detalles "interesantes" que ella contaba a su amiga, en una muy prolija y picante lengua inglesa, no se puede ser muy indiscreto cuando no es tu propio idioma pensó ella —Man, this girl is on fire—Pensaba él. Decidió responder al inapropiado correo con algo más cortes, como propio hombre Ingles: —Dear Mia, though I was trilled to read all the saucy details about your date with Andres last night, I am afraid i must let you know, I am not Nathalie... But do not hesitate, your secret is ok with me. Cheers, Mark.

Las cosas no salieron muy bien entre Andrés y Mia, y ella decepcionada de esa relación decidió olvidarse de los hombres por un tiempo y dedicarse a planear y trabajar para ese viaje que definitivamente haría al finalizar este año escolar que recién empezaba — Venga que después de este año que no pinta fácil lo voy a necesitar.

El tiempo pasó muy rápido y sin darse cuenta llegaron las vacaciones de invierno. —Mierda, y que voy a hacer ahora que estoy sola, en esta época del año— esa noche preguntaba Mia... Y de repente su bandeja de entrada mostraba el mensaje: Me pregunto cómo está la chica de las historias calientes, Mark Thompson. ¡Parecía una buena idea para pasar el tiempo! Muy pronto pasaron de joviales e inocentes correos sin sentido, a historias más personales, desde los problemas de Mia con su papá desde que su mamá falleció y ella salió de casa para abandonar el silencio que allí reinaba, hasta el cómo y por qué Mark decidió terminar su última relación, después de encontrar a su ex novia en la cama con otro hombre; cosas que no se cuentan a un desconocido sino a alguien que sabes escuchara atentamente. Pronto descubrieron que tenían más cosas en común que la soledad en sus vidas. Solo había una regla entre ellos, prohibido enviar fotografías —Te siento más cerca que a cualquier otra persona, porque tú mi caballero inglés me conoces aún más de lo que yo me conozco a mí misma—decía Mia —No necesito ponerle un rostro a lo que mi corazón ya reconoce como su alma gemela.

Ya pronto estaba por terminar el año en la universidad; sus amigas le decían que tuviera cuidado, pero Mia estaba segura que eso era lo que quería hacer. Los boletos estaban listos y el punto de encuentro acordado — My Dear Mark: Thank you very much for this incredible year! No lo habría logrado sin ti. Sin embargo, tengo una cosa más que pedirte. En un par de semanas estaré viajando a París para tomar un trabajo de verano como Au pair la primera semana de julio, pero como verás tendré 2 semanas libres para conocer la ciudad antes de empezar a trabajar; llegaré en el vuelo de Airfrance 385, Terminal 2 Charles de Gaulle. Entiendo que escribo con poco tiempo para planificar, pero sería genial si mi buen caballero inglés quisiera acompañarme en esta aventura. Con Amor, Mia — Wow! 2 weeks? No sé qué dirán en mi trabajo, y ¿cómo voy a dejar todo sin terminar por irme de vacaciones así no más? Pero ¿Que dirá Mia si no voy? Y si voy ¿cómo sabrá quién soy? ¿Cómo sabré quién es? —Ohh Man! What shall i do?...

En periodo de exámenes, dos semanas pasan volando. Ya llego el día. Ocho horas de vuelo sin dormir, 4 películas y muchas veces repetidas melodías de grupos ochentosos llamadas ahora clásicos fueron el entretenimiento en el avión. Y ahora ¡nada de eso importa! —¡OMG, OMG! ¡Ya estoy en París! Pasaporte en mano, dirección de hotel en la libreta, practicar francés dentro de tu cabeza, euros para el metro, el mapa en la cartera, todo listo, pero algo se le olvidaba por un minuto. La emoción de estar en la cité de la lumière por primera vez la tenía con mariposas en el estómago y por un momento olvido que había otra primera vez posiblemente esperándole al cruzar las puertas de inmigración. Todo el proceso fue bastante tranquilo, nadie le dijo que los franceses coqueteaban tan deliberadamente con o sin uniforme de inmigración —quizás es una estrategia para atraer turistas— se dijo. Y cuando recogió su maleta de la correa, recordó. —¿Y Mark? ¿Será que vino? ¡Ay Dios!— Con todo el corre corre olvido por completo su cita que no era una cita. Todo lo que dijo Mark en su correo de respuesta fue: —Dear Mia, it sounds like a delightful idea but it is a little too in a rush... I'll see what I can do, but I don't know if I can make it. Veré qué puedo hacer. —Como odio los peros, y los veremos! seguro ni vino... Bueno, ¡París espera! y con esa idea en su cabeza camino hacia las puertas entre inmigración y París. Sin embargo, al subir su cabeza y volver a la realidad fuera de sus pensamientos vio al final del pasillo a este hombre delgado, suficientemente alto, con lentes para leer muy a la moda, y con cara de un perfecto caballero inglés con un cartel en mano que decía Ms. Bennett ( Saucy Girl), como Mark solía llamarla en honor a su libro favorito y aquel primer correo que aterrizó por accidente un día en su bandeja de entrada. Ella sabía que era el, y el sin saberlo sabía que era ella, así como también sabía que este viaje daría un giro en sus vidas.

Quince año habían pasado desde ese primer encuentro, y ellos aún estaban juntos. Ella lucía un hermoso anillo de oro blanco en el dedo anular, el dorado nunca fue su color favorito, y él un anillo que le hacía juego al de ella. Dormido, desnudo, y relajado como aquel verano... Con canas que se asomaban ya en su cabello mientras ella pasaba sus dedos entre ellos, como a él le gustaba. No había nada que hacer, estaban destinados a estar siempre unidos, eran amantes, esposos, almas gemelas. Mark despertó por el toqueteo de la cortina en la ventana y la encontró mirándolo fijamente, como siempre lo hacía mientras el dormía. —¿Porque no estás durmiendo?— le dijo mientras tomaba su mano. —Porque es hora de levantarse, aún hay tiempo de disfrutar nuestros últimos días acá. Allez, allez! ¡Paris nos espera! ...Este sería sin duda un buen día para decirle que finalmente y después de tanto esfuerzo y tratamiento todo dio resultado, en pocos meses serán 3.